jueves, 30 de junio de 2016

Todos los días miraba por la ventana,
esperando a que su principe
su torreón escalara.

Cien metros de altura,
un dragón a la entrada,
valles encantados
y miles de zarzas

Ella no hizo nada
quizás fue su destino,
y simplemente esperaba.

Esperaba a su príncipe,
que nunca llegaba,
pero sabe que él seguía luchando
aunque sangre derramara.

A veces ella cierra los ojos
y se pone a llorar,
una voz la decía
que debía abandonar.

Pero conoce sus debilidades
y empieza a cantar,
se evade de ese horrible ruido
aunque no tardará en regresar.

Todas las noches al dormir
se acuerda de ese alma,
al que una vez enamoró,
y se abraza a su almohada.

Agradece a la luna,
que al mirarla la escuche
y que transmita a su amado
sus ganas de verle.

No faltará mucho
hasta que los amados se vean,
puedan hablar y besarse
y los más felices se sientan.







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