Esta es la historia de un joven que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta. Pronto la puerta se llenaba de clavos. Pero, a medida que aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta. Descubrió que podía controlar su genio, pues el clavar le hacia pensar sobre su mala actitud. Llegó el día en que pudo controlar su carácter y ya no tenía razón de clavar. Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta. Era ciertamente un gran logro, pero su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: "has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves. Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero la herida permanece y el mal se propaga. Una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física. Ahora hace falta trabajar mucho mas para que la puerta quede como nueva. Hay que reparar cada agujero y muy difícilmente lograrás que quede como nueva."
En la vida ocurren cosas irremediables que quieras o no, no se pueden cambiar, ya pueden estar bien hechas o ser errores, que influyen no sólo a uno mismo, también a las personas que le rodean, debemos pensar en el futuro.Las personas que quedan aisladas en el pasado, son a las que más les queda por aprender.
Lo escribe una cría, que ha sufrido más que muchos adultos, que comete errores que paga muy caros, que no solo le duelen a ella. No tengo las cosas de verdad importantes en la vida, como la confianza de mis propios padres, y día a día me pregunto como tapar los agujeros. Ojalá no fuese tan gilipollas a veces, pero sin mis pequeñas locuras no sería yo.
Me llamo Carolina Arauz Jimenez, y estoy orgullosa de quién soy.
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